Second City Toronto

Aquí nacen las risas, y muere el pánico escénico.

Kevin Frank 📷 Anaid Osuna Peimbert

Improvisar tiene su chiste, y puede -o no- ser gracioso. Subirse a un escenario para decir lo que le viene a uno a la mente en ese preciso momento requiere de un talento, sí, pero también es necesario no sentir vergüenza. Pues, uno está expuesto por completo, bajo la mirada de una audiencia perceptiva y sometido al microscopio de lo que es correcto decir o de lo que es apropiado reírse. ¿Hay reglas en el improv? Uno las hace cuando se sube al escenario. Subirse al escenario y exhibirse -por iniciativa propia- es poner las reglas propias, es aguantar y resistir el juicio; la comedia como un acto de resistencia.

En Second City Toronto, un club de comedia y escuela multidisciplinaria de improvisación, la comedia también es una forma para conocerse a uno mismo, de entablar un diálogo interno y, de paso, conseguir que alguien se ría.

Para mostrarme cómo funcionan las clases en Second City, Kevin Frank, Director Artístico del Centro de Entrenamiento e Historiador, me hace subir al escenario y crear una dinámica con otros individuos sobre la tarima. Hay cierta ciencia cuando compartes escenario con otros comediantes o actores, implica un diálogo sutil y entenderse con la mirada. Casi como aquella conversación atenuada que se tiene con un amante.

“En una clase nuestras clases de improvisación”, dice Kevin, uno puede conocerse a uno mismo. Es como terapia. En mi opinión, una muy eficiente”.

En Second City, se imparten clases de Improvisación, Escritura, Actuación, Stand-up, Storytelling y Public Speaking; Desempeño Físico (para presentadores), Música, TV, Cine y Producción Digital, y Desarrollo Profesional.

Estar sobre un escenario puede dar mucho miedo, pero los maestros en Second City pueden ayudarte a enfrentar el pánico escénico. Kevin, mientras me da un tour por la zona, bromea sobre cuánta gente –entre las edades de uno a cien años- viene a este edificio de ladrillos rojos en Old Toronto, para tomar clases de actuación o de improvisación para combatir la ansiedad al hablar en público.

Pero, funcionar como centro de entrenamiento no es la función más relevante en Second City. Establecida por primera vez en 1959 en Chicago, por “la más alta sacerdotisa del teatro de improvisación”, Viola Spolin, Second City, también en sus otras locaciones en Hollywood y Toronto, ha sido semillero de talentos como: Joan Rivers, Steve Carrell, Tina Fey, Amy Poehler, y hasta Bill Murray, entre muchos otros. Imagina ver a alguno de ellos improvisar en el escenario de Second City.

La buena comedia es capaz de congelar el tiempo en este salón. Recordar aquel sketch de improvisación de Bill Murray en el que va a un consultorio médico con una monja por enfermera para tratarse una enfermedad venérea, enciende una risita en el fondo de mi consciencia. O cualquiera de las improvisaciones que protagonizó como miembro permanente de Saturday Night Live, mientras tenía presentaciones en Second City, me hace pensar que la comedia es un boleto sin escalas hacia una época donde uno simplemente era más feliz.

Cuando me voy de la sede de Second City en Toronto, siento que tuve una gran revelación sobre mí: estoy enamorada profundamente de Bill Murray.

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EN

Here, laughter is born, and the scenic panic dies.

Improvising can be a jest, and may -or not- be funny. Getting on stage to say what comes to mind at that precise moment requires talent, yes, but it is also necessary not to feel ashamed so easily. One is fully exposed, under the gaze of a perceptive audience and under the microscope of what is right to say or what is appropriate to laugh at. Are there rules in the improv? You do them when you go on stage. Getting on stage and exhibiting – on your own initiative – is to set your own rules, is to endure and resist the trial; Comedy as an act of resistance.

In Second City Toronto, a comedy club and multidisciplinary school of improvisation, comedy is also a way to get to know oneself, to engage in an internal dialogue and, in the meantime, to get someone to laugh.

To show me how classes work in Second City, Kevin Frank, Artistic Director of the Training Center and Historian, makes me take the stage and create a dynamic with other individuals. There is a certain science when you share the stage with other comedians or actors, it implies a subtle dialogue and understanding with the eyes. Almost like that attenuated conversation with a lover.

“In a class our improvisation classes,” says Kevin, one can know oneself. It is like therapy. In my opinion, a very efficient one. “

In Second City, there are classes of Improvisation, Writing, Acting, Stand-up, Storytelling, and Public Speaking; Physical Performance (for presenters), Music, TV, Cinema and Digital Production, and Professional Development.

Being on a stage can be frightening, but the teachers at Second City can help you deal with your stage fright and the type of anxiety that derives from talking in public. Kevin, while giving us a tour around, jokes on how many people from 1 to 100 years come to this red brick building in Old Toronto, just a corner away from TIFF Bell Lightbox, to take Public Speaking, Acting Classes, or Improv for Anxiety classes.

But working as a training center is not the most relevant about Second City. Stablished for the first time in 1959 in Chicago by “the high priestess of improvisational theatre”, Viola Spolin, Second City, also on its other locations in Hollywood and Toronto, has been the seedbed for talents like: Alan Arkin, Joan Rivers, Danny Aykroyd, Jim Belushi, Martin Short, Stephen Colbert, Steve Carrell, Tina Fey & Amy Poehler, and even Bill Murray –among many others. Imagine seeing these dudes making improv on the Second City stage, damn.

Good comedy is capable of freezing time while in this salon. Remembering that improv sketch with Bill Murray in which he goes to a medical consultation –where the nurse is a nun- to treat venereal disease, turns on small laughter inside my conscience. Or any of the improvs he starred as a permanent member of Saturday Night Live while presenting on Second City, makes me think of the comedy as a one-way ticket to a time where one was simply just happier.

When I leave Toronto’s Second City headquarters, I feel like I just had a tremendous revelation about a deeper myself: I’m so much in love with Bill Murray.

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